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San Martín de Unx: por qué sus viñedos de montaña también dan grandes chardonnay

Vista panorámica de San Martín de Unx rodeado de viñedos de montaña en la D.O. Navarra.

La localidad navarra de San Martín de Unx se reconoce por sus viñas. Basta subir cualquiera de las cuestas que rodean este pequeño municipio de la Baja Montaña navarra para entenderlo: hileras de cepas trepando laderas, barrancos que dibujan microclimas propios y, al fondo, la silueta de la sierra de Ujué vigilando el paisaje desde sus más de 700 metros.

Cuando alguien menciona San Martín de Unx, lo primero que suele venir a la cabeza son sus rosados. Y con razón: la garnacha ha sido durante más de un siglo la gran protagonista de este territorio, hasta el punto de dar nombre a algunos de los vinos más reconocidos de la denominación, como nuestro Gerizpe, el rosado que mejor representa el carácter floral, fresco y goloso de esta variedad cultivada en estas laderas.

Vista de San Martín de Unx al atardecer, rodeado de viñedos de montaña en la D.O. Navarra.

San Martín de Unx, uno de los municipios con mayor tradición vitivinícola de Navarra, fotografiado al caer la tarde entre sus viñedos

Pero reducir San Martín de Unx a un solo color sería quedarse con una parte pequeña de la historia. En esas mismas laderas crece también una variedad que pocos esperarían encontrar tan a gusto en un paisaje de montaña mediterránea: la chardonnay.

Un pueblo que respira viñedo

Este municipio apenas supera los 400 habitantes, pero pocas localidades navarras tienen una relación tan estrecha con la vid. La viña no es aquí un cultivo más: es paisaje, es memoria familiar y es, sobre todo, el motor económico que ha sostenido al pueblo durante generaciones.

La primera bodega cooperativa del municipio se fundó en 1914, impulsada por 192 socios que decidieron unir sus parcelas y su esfuerzo en un único proyecto. Más de un siglo después, esa vocación colectiva sigue viva: hoy son varias las familias y bodegas que conviven en un mismo término municipal, cada una fiel a un estilo propio pero unidas por el mismo suelo y el mismo cielo.

Vista exterior de la Cooperativa Vitivinícola de San Martín de Unx, rodeada de viñedos en la D.O. Navarra.

La Cooperativa Vitivinícola de San Martín de Unx, un referente en la elaboración de vinos de la D.O. Navarra.

 

Un terroir con un dato que lo explica casi todo

San Martín de Unx pertenece a la subzona de la Baja Montaña dentro de la D.O. Navarra, una franja donde el clima mediterráneo se cruza con las últimas influencias del Pirineo. Aquí conviven suelos muy distintos según la parcela: en las laderas predominan las texturas francas y limosas sobre margas y areniscas de origen terciario, mientras que en los fondos de valle aparecen suelos más profundos y pedregosos, con abundante grava rodada que favorece un drenaje excelente. Esa variedad de suelos, sumada a una pluviometría que en la comarca oscila entre los 470 y los 760 litros anuales, hace que cada parcela cuente una historia ligeramente distinta.

Pero hay un dato que explica, mejor que ningún otro, por qué San Martín de Unx es un lugar tan particular para el viñedo: de todos los municipios de la Baja Montaña, es el que registra el periodo vegetativo más largo, con 234 días favorables para la vid frente a los 205 de otras localidades vecinas. Ese margen de tiempo extra es oro puro para el viticultor, porque le permite esperar sin prisa el punto exacto de madurez de cada parcela, en lugar de vendimiar condicionado por el calendario.

Cepas de un viñedo de montaña en San Martín de Unx (Navarra), donde la altitud y el clima favorecen la elaboración de vinos frescos y equilibrados.

Los viñedos de montaña de San Martín de Unx se asientan sobre suelos pedregosos y se benefician de la altitud.

La chardonnay y la altura: una alianza poco esperada

La chardonnay tiene fama de variedad camaleónica: da vinos untuosos y tropicales en climas cálidos, y blancos tensos y minerales en zonas frías. Lo interesante de San Martín de Unx es que no obliga a elegir entre un extremo y otro. Muchas de sus parcelas se asientan en laderas bien ventiladas, a altitudes que en algunos casos superan ampliamente los 450 metros, y ese periodo vegetativo tan largo del que hablábamos antes le da a la uva el tiempo que necesita para madurar despacio, sin acumular azúcar de golpe ni perder la acidez por el camino.

A eso se suma el contraste térmico entre el día y la noche durante el verano: jornadas cálidas y luminosas seguidas de noches que refrescan con rapidez gracias a la altitud y a la cercanía de la sierra. Ese vaivén de temperaturas actúa casi como un freno natural, y es la razón por la que un blanco cultivado en un paisaje tan mediterráneo puede llegar a la bodega con aromas intactos y una acidez viva, algo que en zonas más bajas cuesta mucho más conseguir.

De la viña a la copa: el estilo de Gerizpe Chardonnay

Todo ese trabajo del clima y la altitud se traduce en la copa. Gerizpe Chardonnay luce un amarillo pajizo con reflejos dorados, limpio y brillante, y entra en boca con una amplitud casi cremosa que sorprende a quien solo conocía la cara mediterránea, más ligera, de esta variedad. Esa textura untuosa suele ir de la mano de una breve crianza sobre sus propias lías, una técnica habitual en chardonnays de calidad que aporta volumen y redondez sin necesidad de recurrir a maderas marcadas ni a un exceso de untuosidad.

El resultado es un blanco persistente, de final largo, que invita casi sin querer a un segundo trago: fruta madura, tensión en boca y una enorme facilidad de consumo, sin renunciar por ello a tener carácter propio.

Botella de Gerizpe Chardonnay acompañada de pan, queso, anchoas y espárragos de Navarra sobre una mesa de madera.

Gerizpe Chardonnay nace en los viñedos de montaña de San Martín de Unx y está pensado para disfrutar alrededor de una buena mesa.

Un blanco para la mesa, no para la etiqueta

La chardonnay que se cultiva en San Martín de Unx no busca parecerse a la de Borgoña, ni a la de California, ni a la de ningún otro lugar del mundo. Su carácter nace del sitio donde crece, y eso se nota sobre todo en la mesa: acompaña sin esfuerzo un bacalao al pil-pil, unos mejillones, un arroz de marisco o una tabla de quesos curados, y también sabe estar a la altura de una tarde de amigos sin más pretensión que la de abrir una botella y charlar. Es, en definitiva, un blanco pensado para beberse con placer y sin solemnidad.

Una nueva puerta de entrada a San Martín de Unx

La fama de San Martín de Unx seguirá ligada, con toda razón, a sus magníficos rosados y a la garnacha que ha dado prestigio al municipio durante más de un siglo. Vinos como Gerizpe seguirán siendo la mejor tarjeta de presentación de este territorio, y así debe ser.

Botellas de Gerizpe Chardonnay y Gerizpe Garnacha Rosado abiertas sobre una mesa de madera con dos copas de vino y vistas a San Martín de Unx, Navarra.

Gerizpe Chardonnay y Gerizpe Garnacha, vinos que expresan el carácter de la Montaña navarra.

Pero ahora esa misma tarjeta tiene una segunda cara. Con Gerizpe Chardonnay, San Martín de Unx demuestra que su verdadero patrimonio no es una uva concreta, sino un lugar: un terroir capaz de dar carácter propio a cualquier variedad que se atreva a echar raíces en sus laderas.

En Vinoteca Mendibil te invitamos a comprobarlo con una copa en cada mano: el rosado que ya conoces y el blanco que quizá todavía no esperabas encontrar aquí.

Quizá la mejor forma de comprender San Martín de Unx sea sentarse frente a sus viñedos y descorchar una botella nacida en ellos. Porque hay paisajes que también se pueden beber.